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La vida de estos jóvenes cambió en un
dormitorio de la universidad Seton Hall, en Nueva Jersey. El dormitorio
hospedaba 600 estudiantes de primer año. Tres estudiantes murieron y sesenta
fueron heridos en un incendio. Supuestamente, el incendio empezó cuando un
par de alumnos jugaban inocentemente con una cajetilla de fósforos. El fuego
que así empezó creció hasta que hizo sonar las alarmas de incendio. Entonces
muchos de los alumnos no salieron del dormitorio, a pesar de las alarmas,
porque estaban acostumbrados a que sonaran las alarmas por bromas de sus
compañeros.
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