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Los injertos de piel se hacen en tres
pasos. Primero, se quita la piel herida con cuchillos especiales. Segundo, se
toma una rebanada de piel sana de otra parte del cuerpo. Tercero, se coloca
la rebanada de piel sana encima de donde estaba la piel quemada. Así se
facilita el saneamiento de las heridas.
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